La felicidad

FELICIDAD_George_Iakovidis
Autor del cuadro: George Iakovidis

Entiendo que la felicidad es un estado de bienestar y de alegría compartidos, un conjunto de sensaciones que recorre todos nuestros sentidos y que abarca todas las emociones.
Pero también creo que la felicidad varía con el tiempo, que cambia con las distintas etapas de la vida, o mejor dicho, que cambia nuestra percepción hacia todo aquello que puede hacernos felices.

La felicidad, cuando niños, es una ilusión multiplicada por los infinitos momentosque llenan su tiempo, viviendo como acontecimientos excepcionales lo que acontece ante sus ojos. Les hace feliz un castillo en la arena, chapotear en un charco, un cromo que no tienen, una bolsa de gusanitos, un avión de papel, una hormiga en el campo, creer en seres imaginados, convertir a sus muñecos en bebés, o volar en su patinete o en su bicicleta desprovista de sus ruedecitas de apoyo.
Todo descubrimiento positivo, todo aprendizaje que le sirva de estímulo se traduce en un motivo de felicidad para el niño; por eso la repetición es una de las características de su comportamiento.
El juego es el gran denominador de sus vidas, y el futuro, un tiempo que barca el hoy, el mañana, el siempre.

En la adolescencia, la felicidad se ve intervenida por los cambios que se suceden en sus cuerpos juveniles y  la acción  de las hormonas que no cesan de desconcertarla. Quizá, por ello, se descubre a través de lo que significan las nuevas emociones de la pasión y del amor,  enredarse con estos sentimientos y sentir como crecen y decrecen en progresión geométrica. La felicidad se alimenta también de  inquietudes y sueños, de festejos y, como no, de los amigos, que se convierten en pilares fundamentales de sus vivencias.
Suele ser una felicidad alborotadora, necesitada de ser oída y de que la oigan, y a la que le gusta envalentonarse y sentirse transgresora. El futuro, en esta etapa de la vida, es una palabra que le suena poco menos que a infinito.

El sentimiento de felicidad deja atrás los cambios de la adolescencia y avanza hacia la madurez con un mayor control de las emociones, pues en ella no solo rige el corazón sino que, de forma muy importante, la razón. La pasión y el amor siguen siendo, en todas sus vertientes, pilares en los que se sustenta la felicidad, pero también, todo cuanto esté ligado al éxito, tanto personal como familiar o profesional. A menudo suele ser una felicidad con prisas pues casi no le da tiempo a quedarse para que se la goce, y también difuminada, a causa de los nuevos temores nacidos de una excesiva responsabilidad.
El futuro aún es una palabra que se relacionada con lo venidero y con numerosos proyectos por cumplir.

El tiempo sigue su camino hasta alcanzar una edad en la que la felicidad se empieza a escribir con una palabra casi obsesiva: salud. Pero también, en este último tramo de la vida, la felicidad necesita ser escrita con otras palabras que recogen íntimos deseos de bienestar: la familia unida, la buena compañía, la amistad escogida, el amor generoso, las pasiones atemperadas, las aparentemente insignificantes actividades de cada día. Y el sosiego como guía.
El futuro es ahora una palabra que se conjuga en presente.

Isabel

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4 respuestas a La felicidad

  1. yisas dijo:

    Feliz felicidad!

  2. caleya dijo:

    La felicidad es muy relativa y bien es verdad que según pasan los años las cosas que nos hacen felices van cambiando, pero si tenemos en cuenta que la felicidad puede asociarse a un buen estado de ánimo, entonces la felicidad la tenemos asegurada.

  3. Popota dijo:

    Mira que es tierna y alegre esta pintura. Niños descalzos, haraposos. pero contentos porque están juntos disfrutando de su fiesta y tocando para hacer reir a la más pequeña.
    El texto explica muy bien la evolución humana, no tiene desperdicio, Isabel.
    El tiempo del infinito está claro que corresponde a la infancia y a la juventud. Pero a partir de cierta edad, (creo que hasta la de Peter Pann a pesar de ser acusado de inconsciente e inmaduro) todos sabemos que tenemos una fecha de caducidad. Es feo decirlo de esta manera tan comercial, pero al menos yo lo he percibido así. Mis muertos queridos, me han mostrado el camino que debo seguir.
    Cuando mi padre se murió, descubrí eso que se llama “el vacío de la creación”
    Si mi padre ha sido mi creador y ahora ha dejado de existir porque está muerto, me decía mientras le daba el último abrazo, detrás iré yo, Cuando mueren tus creadores, descubres que los que somos sus seres creados, moriremos también como ellos. Él ha sido, pues el que me mostró y me abrió la ventana del vacío de la creación. Sé que no todo el mundo piensa igual, pero yo lo he vivido y descubierto de esta manera.
    La novela de “Victor Frankenstein” podría ser un ejemplo de esto que explico.

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