Un anciano muy anciano

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Hay un tramo del camino por el que me doy el tan aconsejado paseo diario, que en verano se cobija bajo la sombra de los tilos, como también lo hacen los padres y abuelos que pasean y distraen a sus niños, así como personas de edad avanzada que necesitan, en muchos casos, del cuidado ajeno.

Este lugar no sólo me entusiasma por sus árboles, sino por esa mezcla de sentimientos que me proporciona la confluencia de nuevas vidas que representan el futuro, con las de otras que llevan escrito en sus cuerpos un largo pasado.

A esta imagen de emociones relajadas se unió hoy una que me impactó negativamente y que, como un látigo, azotó mi corazón: una ingrata procesión encabezada por el cuidador de un anciano, que con una mano hablaba relajadamente por su teléfono móvil y que, con la otra, llevaba el carrito que transportaba unas pequeñas botellas de oxígeno; por detrás de él, y a la distancia que le permitían los largos tubos que le proporcionaban el aliento necesario para caminar, iba un ser humano que no podía seguir el paso del que iba en avanzadilla y que, pendiente de sus cosas, se olvidaba de que, a quien llevaba “a rastras”, no era un viejo animal por el que tirar, sino un anciano muy anciano que merecía el respeto y el honor de caminar a su lado. Como poco.

Los miré cuando pasaron, y no pude dejar de mirarlos hasta que se perdieron en la lejanía con la esperanza de que aquélla imagen cambiara. Pero no fue así.

Seguí mi camino con el corazón arrugado y sintiendo que en el aire hasta el aroma y la sombra de los tilos había cambiado.

Isabel

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4 respuestas a Un anciano muy anciano

  1. bensa dijo:

    Una vez más denuncias acciones que parecen no ocurrir y son el pan nuestro de cada día, y una vez más nos duele que estas acciones sucedan con niños o ancianos. Gracias por refrescar la memoria sin duda intentaremos que nuestras acciones sean mas caritativas.

  2. Juan dijo:

    Yo creo que miramos pero no vemos, y que nos pasan “desapercibidas” muchas escenas lamentables que tienen que ver con la pobreza, violencia… o como el cuadro que que describes, y que, desgraciadamente, llegamos a incorporar a nuestra “rutina diaria”, a nuestra ceguera, al más puro pasotismo. Como la persona que lo tenía a su cuidado.
    Paseando por las ciudades se puede ver, si se quiere, de todo. Es bueno comentarlo y solidarizarnos con los más débiles.
    Un cordial saludo.

  3. xanes dijo:

    Estoy de acuerdo con todo lo dicho; hasta las pequeños detalles que parecen no tener importancia pueden causar un enorme impacto afectivo en quien, como este anciano, sufre sus consecuencias.
    Me ha gustado mucho este artículo lleno de sensibilidad hacia nuestro prójimo..

  4. Popota dijo:

    Por desgracia, mientras vivamos en una sociedad que premie y sonría sólo a la juventud, la virilidad, la competencia, el éxito, el dinero.. todos sufriremos en mayor o menor medida alguna vejación ol desdén y mucho desaprecio.
    Yo siempre pienso que la educación con respeto y cariño son los dos valores fundamentales que se deberían transmitir a los niños, para que ellos el dia de mañana cuando sean adultos, correspondan igual y disfruten siendo correctos.

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