Una razón, una sonrisa.

Una razón, una sonrisa

Una de las muchas suertes que tengo de ser abuela de seis nietos es que puedo volver a revivir lo mejor de la infancia de mis hijos, pero por triplicado y, además, con la esencia añadida de dos temperamentos femeninos que ya apuntan alto desde que nacieron.

Las anécdotas que podría contar sobre ellos serían tantas que me alargaría como si fuera un cometa cuya cola se pierde en el firmamento del presente y del pasado.
Pero me voy a centrar en un hecho puntual y reciente protagonizado por el mayor de mis nietos, que no hace mucho cumplió esa edad en las que la razón y los razonamientos se van desarrollando de una manera casi prodigiosa, de tal manera, que muchas veces nos pillan de improvisto y nos asombran con sus respuestas contundentes y llenas de sentido común. Por supuesto, arropadas siempre por ese abrigo de inocencia que caracteriza a sus mentes infantiles.

Cuando un niño va al cuarto de baño a hacer sus necesidades “mayores” no suele hacer como muchos adultos que van acompañados de un periódico, un libro, una revista, o de cualquier otro artilugio que les distraiga durante un tiempo que puede resultarles aburrido. Los niños son rápidos para todo, y más para estos menesteres, que les quita un tiempo precioso a sus juegos y entretenimientos. Pero, incluso en este tiempo tan menguado, sus mentes no cesan de elucubrar.

Y en eso estaba mi nieto cuando rompió su silencio gritando: ¡mamá, mamáaa, mamáaaaaaaa! Su madre, asustada, se dirigió rápidamente hacia el cuarto de baño, pero enseguida se tranquilizó al encontrar a su hijo sentado en actitud pensante. Mamá, quería hacerte una pregunta, a ver si la sabes: si hay un incendio en casa, ¿el “wáter” se incendiaria? Su madre, sorprendida ante tan inesperada pregunta, examinó el inodoro como si lo viera por primera vez y le respondió… ¡hombre, las tapaderas como son de plástico sí se quemarían! Y él, muy ufano y sonriente, sintiendo que había “pillado” a su madre en un error le replicó: pues te equivocas, mamá, no se quemarían, porque las tapas son de “Roca”… ¿no ves que está escrito aquí? Y las rocas, mamá, no pueden quemarse.

Su madre, contuvo la risa ante la seriedad de su hijo; asentó con la cabeza y se fue con una sonrisa a contar la anécdota al padre de la criatura, a sus abuelos, tíos y demás familia, para que también sonriéramos con su ocurrencia.

Y eso es lo que intento hacer hoy desde aquí, dedicaros a todos una razón y una sonrisa.

¡Qué hermosa es la mente de los niños y qué pena que la realidad de la vida llegue con el tiempo a distorsionar su belleza!

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8 respuestas a Una razón, una sonrisa.

  1. Pilar dijo:

    ¡¡Que ingenioso!!. Tiene mucha gracia. ¡¡¡Me encanta!!!.

  2. Popota dijo:

    Desde luego que carácter e imaginación no les faltan a tus nietos, enhorabuena.
    Graciosa y aguda la observación.
    Los niños son nobles e inocentes por naturaleza, pero más que la vida en sí, yo pienso que es la educación y mala educación, la religión, las ambiciones de los padres y la sociedad los que no respetan la evolución de su crecimiento. La vida nos enseña y nos adapta, pero las reglas, las leyes y las normas sociales con sus objetivos de rendimiento y economía, estatus, dinero etc. los ennobleces.
    San Agustín por ejemplo sostenía que los niños nacían con el pecado del diablo, y que por eso había que lavarles la cabeza.

  3. Teresa M.V. dijo:

    Has conseguido tu propósito, Isabel. No sólo me has hecho no sólo sonreír sino reír….¡es que me lo estoy imaginando!
    Qué bueno sería que conserváramos algo de nuestra inocencia infantil.
    Gracias.

  4. Tyrion dijo:

    jajajaja, muy bueno Isabel. Los niños son de razonamientos rápidos y directos y en más de una ocasión nos dejan a los padres atontados y sin saber qué contestar o replicar. No podías haber encontrado mejor contrapunto al post anterior.
    Un saludo

  5. Gelinos dijo:

    Siempre que veo la sonrisa de los niños felices…., inmediatamente quisiera que todos los niños del mundo pudiesen hacer lo mismo
    Isa, muy ingenioso tu nieto…. ” De tal palo, tal astilla “

  6. Marta dijo:

    jajaja me encanta! Que alegria da tener niños cerca. Cuando les escuchas desaparecen todos tus problemas. Es increible escuchar sus razonamientos no “contaminados” por la realidad.
    Gracias Isabel por compartirlo!!!

  7. yisas dijo:

    ¡Qué bueno! Quién pudiera volver a ser crío.

  8. güisu dijo:

    Una razón, una sonrisa. Todavía no soy abuelo, y al plazo de tu nieto mayor no sé si alcanzaré a verlos desarrollar. Pero la mente de un niño es una fábrica de chispas que incendian las experiencias vividas con entusiasmo por el abuelo, su emocionante descanso.

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