“Nada”

MIguel 1

Los cinco años de Sermi han tenido la suerte de poder plantar un árbol  y de conocer, gracias a los monitores del proyecto al que sus padres le habían apuntado, el principio, el fin y los porqués de aquél acontecimiento.

Tal como le indicaron, las manos de Sermi hicieron con su pequeña azada un hoyo en el suelo, y cuando ya lo había hecho, quiso saber más de aquélla tierra que iba a dar vida al árbol que iba a plantar, un roble según le dijeron. Así que la rastrilló con sus dedos, la frotó entre sus manos y la tiró al aire para ducharse con ella. Después colocó al pequeño árbol en el nido donde sus raíces iban a tomar asiento y lo cubrió con esmero, cuidando que quedara bien fijado al suelo.

Ya estaban Sermi y su roble hermanados, amparados por la misma tierra que les ofrecía un futuro prometedor.   Después, llegó el momento de bautizarlo.

¿Qué nombre le vas a poner? -le preguntó una de las monitoras.  El niño miró a su árbol fijamente y al instante le contestó: Nada.

Pero, Sermi ¿Por qué no quieres darle un nombre a
tu árbol?

El niño la miró con un gesto serio y le dijo: ¡Pues claro que quiero! ya te lo dije antes pero no me has hecho caso. Su nombre es: Nada.

¿Nada?
-Sí, me lo pidió él mientras lo plantaba.

Para la mente imaginativa y creadora de un niño de cinco años que no sabe de sustantivos, adjetivos, verbos o adverbios, las palabras tienen un significado propio, una vida propia, una acepción que no sabe de diccionarios.

Sus palabras son libres porque su imaginación también lo es.

Isabel

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28 respuestas a “Nada”

  1. yis dijo:

    Conceptualmente es arrollador. Llamar Nada a la Vida. A su hermano árbol.

    Grande este Sermi.

  2. Texto simplemente delicioso y muy emotivo. Gracias por compartirlo, Isabel. Vaya un gran abrazobeso para ti.

  3. Teresa M.V. dijo:

    La verdad está en los niños pues sus razones no están contaminadas.
    He disfrutado mucho y me ha hecho sonreír en la mañana con Sermi, Gracias.
    Un abrazo.

  4. bensa dijo:

    Precioso relato. Por supuesto que la imaginación del niño es libre, más bien sujeta a los escasos conocimientos que ha adquirido, pero con esos crea un mundo que en ocasiones ya lo quisiéramos tener los mayores. Luego, como decía un profesor que tuve, les entra el “uso de razón” y se estropean.
    ¡Maravillosa niñez, increíble libertad, fantásticos pensamientos!

  5. Popota dijo:

    Los niños son así de inocentes y sabios. Bonito relato, Isabel. Tendremos que volver a soñar e imaginar como ellos, como cuando nuestra sonrisa e imaginación aún estaba intacta.
    Y por otro lado, como dice, Yis, conceptualmente es arrollador, el nombre desmonta al más pintado de los seres lógicos y racionales.

  6. Tenemos que volver a soñar con ser niños Popota, o dejar aflorar esa inocencia que todos llevamos dentro y que no nos atrevemos a mostrar.
    Buenas noches y un abrazo.

  7. Presiento que hay tanta satisfacción en ti de Sermi, como en Sermi de ti, y lastima que el roble no pueda hablar.
    Abrazo para los tres.

  8. juan dijo:

    “Aterrizo” aquí después de leer y recrearme con las dos últimas entradas del blog Destino: la naturaleza y pienso en la versaltilidad y tu trabajo, Isabel, por lo que te felicito.
    Sermi es la voz inteligente y sin contaminar de los niños, a la que generalmente no se le hace demasiado caso o se le calla porque lo que dicen parecen impertinencias.
    Recojo la frase primera de Yis “Conceptualmente es arrollador”.
    Saludos a todos.

  9. wisu dijo:

    Poquita cosa un hueco en la tierra, una minuscula planta y un poco de agua esparcida por el sobrante de tierra para sujetar la raiz. Es casi nada y a escala reducida del niño: NADA. Un nombre breve que significaba una vida en potencia y a desarrollar como la del niño. Y TODO. Arrollador, dicen.

  10. joserasan66 dijo:

    …Sus palabras son libres porque su imaginación también lo es.
    Sin Duda Es Algo Que deberíamos Tener Siempre Presente, Más Cuando Deseamos Seguir Siendo Niños En Muchas Ocasiones… Un Texto Precioso…
    Saludos…

  11. Qué bien contado, Isabel, y con una conclusión demoledora. Ojalá la “nada” de los niños sea el “todo” del mañana. “Nada”, por cierto, como el árbol de este niño, es el nombre que le puso también Carmen Laforet a su bella novela de aprendizaje, que quizá conoces. Quizá también ella pensara, como el niño, que la nada era un título significativo para nombrar a cuanto había creado con sus propias manos. Gracias por escribirlo, un abrazo.

  12. Mª José dijo:

    Me encantan los niños y sus ocurrencias. Gracias por trasladarnos esta tan bonita, sencilla y profunda. Me ha hecho sonreír.

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