Oraciones para el buen dormir. Érase una vez.

Oraciones

No es capaz de recordar si ya nació con miedo al igual que nació con los ojos negros y el pelo castaño, o si el miedo se fue apoderando de ella según cumplía sus primeros años de vida al tiempo que iba descubriendo el sobresalto que le producía la oscuridad o un mal bicho que se le cruzara.

Pero sí es capaz de recordar que en esos años en que los sucesos comienzan a fijarse en la memoria los temores que la asustaban ya no sólo eran los intrínsecos, sino también los inducidos por personas adultas y niños mayores con el fin de amedrentarla -desde el hombre del saco al demonio pasando por la muerte. Como también es capaz de recordar que sus padres nunca participaron en ese chantaje emocional.
Y no puede comprender por qué tuvo que aprender tantas oraciones que en la mayoría de los casos no entendía y que si se las explicaban era peor. Recuerda la estrofa de una canción que cantaban en el colegio que le ponía los pelos de punta y la espabilaba del somnífero rosario: El demonio a la oreja te está diciendo no reces el rosario sigue durmiendo. La niña de vez en cuando pasaba la mano por la oreja para espantarlo, por si servía de algo.

Abandonamos la canción porque lo que desea la niña -que hoy ya no lo es, sino abuela-, es exponer aquí alguna de las oraciones que rezaba antes de acostarse “para tener un buen dormir”. La muerte no era un concepto ni una realidad que ella manejara, pues sólo sabía de todo lo bueno que suponía el vivir. Por tanto, cuando comenzaba su letanía de oraciones susurrando Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me acompañan, si me muero esta noche que me lleven al cielo, ella no podía entender por qué se iba a morir mientras dormía, porque… ¿morir qué es? -le preguntaba a toda persona mayor que quisiera contestarle. Pues morir, le decían, es dejar este mundo para irse a otro mucho mejor que es donde está Dios con toda su corte celestial y las personas buenas que se han muerto, porque las malas  se van al purgatorio o al infierno. Pero eso a ella no le hacía ninguna gracia y menos cuando se enteró en la catequesis que también los niños que habían hecho la Primera Comunión podían ir a esos sitios tan horribles de diablos y fuegos.

Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, que si no me perdería. Cada vez que decía de corrido esta frase sólo ponía atención al ángel que la iba a acompañar, porque no le era difícil incorporarlo a su imaginación como lo hacía con las hadas y los duendes, aunque no comprendía qué razones podía tener aquél ángel para que un día decidiera abandonarla.
Después, seguía diciendo: Con Dios me acuesto, con Dios me levanto, con la Virgen María y el Espíritu Santo. El alcance de lo que suponía esta jaculatoria le daba igual porque lo que realmente a ella le importaba y tranquilizaba era que su madre la arropara y le diera un beso, y después que también lo hiciera su padre. O al revés. Y el saber que ambos estaban cerca cuando se despertaba con el miedo a la oscuridad de la noche.

Finalizaba sus oraciones con Jesusito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón, tómalo, tómalo, tuyo es mío no. Mil besitos para Dios. El asunto de los besitos le era fácil, ella tiraba unos cuantos al aire y como no los contaba siempre le salían mil. Lo de Jesusito le fastidiaba un poco, porque siendo como era un niño e hijo de la Virgen, no lograba entender por qué tenía que darle su corazón a él -cosa que no quería-, por lo que se veía obligada a mentir todos los días. ¿Acaso no tenía el Niño bastante con el suyo?

Después, se santiguaba. El ritual estaba cumplido y la pequeña se sentía liberada de todos los peligros.

A continuación cambiaba rápidamente de actitud y de registro. Levantaba el colchón de lana donde tenía su particular almacén de cuentos y buceaba entre ellos hasta dar con el elegido para esa noche. Y ya en la cama y arropada con el beso de sus padres, abría el libro con fruición y según iba leyendo sentía como el sueño se iba apoderando de ella. Y al tiempo que sus párpados se cerraban, el libro cerraba sus páginas también.
Érase una vez.

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18 respuestas a Oraciones para el buen dormir. Érase una vez.

  1. Chari, gracias por tu presencia en esta entrada -has sido la primera- y cuando te vi me dio un vuelco el corazón . Sabes cuanto lo valoro, así que mi agradecimiento es tan enorme como el abrazo que te mando. Y todos mis mejores de seos para tu pronta recuperación.
    Que tengas un buen día.

  2. Mª José dijo:

    Me he emocionado mucho con este texto, Isabel, y tal como lo cuentas conviertes una época oscura en muchos aspectos politico-religiosos, en un recuerdo lleno de ironía pero también de mucha ternura. Yo también era una niña que me ponía de rodillas al pie de la cama -como la de la ilustración- y rezaba sin saber lo que decía.
    Gracias por ello.
    Y a la amiga Chari desearle una pronta recuperación.
    Un abrazo.

  3. madamebovary dijo:

    Isabel, todo era tan así… Gracias por traer un trocito de la infancia. Yo tampoco entendía nada, pero y lo bien que lo recitaba. Un abrazo

  4. goda dijo:

    Bonitos recuerdos. De niño no se piensa en el significado de estas y otras muchas oraciones.Uno se acostumbra entre a ese protocolo particular para despedir el día. Esta añoranza nos hace felices aunque sea unos instantes. Gracias por traernos estos recuerdos.

  5. Saludos,
    Creo que tuve la gran suerte de que mi “Viejo” principalmente me orientara sobre si me apetecía hacer los mandados del catolicismo de la época, o no, pero si no los hacia, que no me preocupase por los miedos de los pecados cometidos en ello, ya que no eran tales y por otra parte si quería cumplir con alguno, que nunca fuese por el miedo y el chantaje al que nos podían someter. Creo que fue muy acertado en todo ello. Hoy día tengo muy asentada mi valoración sobre las religiones en general y sobre el catolicismo en particular, pero hay una de aquellas oraciones que considero bonita, y fijándome despacio en lo que dice, me gusta hoy, lo que no interpreté ayer.
    Creo que es la Salve: “dios te salve reina y madre de misericordia, vida y dulzura…”
    Abrazo Isabel

  6. Muchas gracias Leonor por compartir tus vivencias.
    Es a través del tiempo cuando cada quien va teniendo la capacidad para elegir, en cualquier aspecto de la vida. En este caso, en el religioso y en la fe.
    Respecto a la salve, me a venido a la memoria “La salve rociera”, canción que no sé si conoces. Son muchas las versiones que se han hecho de ella. En You Tube si te apetece puedes buscar la que más te guste. Personalmente hay dos versiones muy diferentes pero que yo recomiendo: La interpretada por la “Banda Municipal de Música de Ejea de los Caballeros. Zaragoza”. Y la que canta el grupo “Ecos del Rocío” (Salve de la hermandad de Rocío de Sevilla (El Salvador).
    Feliz fin de semana.
    Un abrazo.

  7. Juliaber dijo:

    !Recuerdos de infancia! Sí, creo que casi todos recitábamos esas oraciones sin entender nada y me viene a la memoria el remordimiento al día siguiente si la noche anterior no había cumplido con mis oraciones…pero, como tú, recuerdo una infancia feliz.
    Un abrazo

    • Lo bueno que tiene la infancia es su inocencia. Incluso, aunque como tu bien dices, sintiéramos alguna inquietud por esos temores… pero en una escala que nada tiene que ver con las disquisiciones que desde la edad adulta podamos analizar en su contexto.
      Gracias como siempre, Juliaber, por hacernos este ratito de compañía.
      Un fuerte abrazo.

  8. Popota dijo:

    Remover el poso del pasado no siempre es agradable, pero es irremediable. Tu texto es sugerente y enternecedor, Isabel. Yo no he tenido una infancia feliz, pero sí me acuerdo de la letanía del Señor, del rosario..de las cuatro esquinitas y del padre nuestro, los mandamientos y el catecismo estudiados a base de imposiciones, castigos y algún tortazo. No fue la mía una infancia, precisamte,bonita o feliz, pero aún con todo, gracias a mis hermanos mayores y a una maestra genial, puedo decir que no fue la peor de todas. La vida era muy fea, muy dura y muy gris para las clases mineras, ganaderos, pescadores..gente trabajadora con dos dedos luchar por la libertad y la justicia. Lo de Dios, es un asunto privado, pienso.
    Chari, bienvenida a este blog tan estupendo que nos regala, Isabel.
    Salud.

    • Me es difícil contestarte hoy, Popota, ya que nos hablas de dos niñas muy diferentes en ti. Una feliz, dueña de la inconsciencia, y otra de todo lo contrario y que deja en ella un sabor amargo en el recuerdo.
      Todo forma parte de la vida de cada cual y ello nos ha ido modelando. En tu caso,Popota, el resultado de ese modelaje es extraordinario.
      Mi agradecimiento una vez más por compartir con nosotros tus opiniones y un fuerte abrazo.

  9. Popota dijo:

    Gracias a gente como tú,Isabel que favorece el diálogo y escuchan con respeto, se puede ser sincera y expresar los sentimientos sin hipocresía, sin mentiras, ni disfraces. A mí me tocó la infancia y como bien dices, en la vida de cada cual siempre hay periodos malditos o desagradables. C’est la vie, La vida es preciosa, no obstante, si algunos humanos no fueran tan cabronazos viviríamos saboreando más a menudo el paraiso.
    Soy yo la que te lo agradece a ti.
    Un abrazo.

  10. Me hiciste recordar, hoy, tantas cosas, con esta entrada… Un análisis tierno y hondo. Una evocación a la inocencia -que todavía no hemos perdido- una disertación de aquellas enseñanzas nunca olvidadas y siempre repetidas, como son las oraciones en las que creíamos a pie juntillas… Y esos ángeles de las esquinitas de la cama que no se han ido, y todavía juegan
    en nuestra mente. Mi felicitación por tu agudeza y por traernos el encanto de lo que fue una vez… Besos. Julie

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