Rostros surcados

Ilustración: González del Pino

Ilustración: González del Pino

En el momento que los elegí compartían un banco en la Plaza Mayor de su pueblo, pequeñita de tamaño pero grande por la historia que guardaba bajo sus arcos.
Los cuatro ancianos dialogaban en silencio y se apoyaban en sus cachabas como queriendo reposar en ellas toda una vida agotada. Miraban a todo y al infimito a la vez, con sus ojos pequeños y vivarachos cobijados entre los pliegues de sus párpados. Los mismos ojos que dirigieron su mirada hacia a mí cuando se dieron cuenta que me aproximaba a ellos e iba a despertarles de sus silencios.

Tras los saludos pertinentes, sólo uno de ellos parecía tener la gracia de la palabra y las ganas de utilizarla. José, que así se llamaba, no sólo me resolvió las dudas que tenía sobre algunos aspectos de su pueblo sino que amplió la información con importantes detalles que, por supuesto, agradecí por lo obvio de su interés y por su gran amabilidad.

José era persona culta, con ese saber aprendido en la escuela de la vida y con la reverencia y el respeto de un “usted” heredado de su saga campesina. Labriego humilde, me dijo que era –que había sido, puntualizó-, siempre entregado al cultivo de unos campos a los que había que sacarles vida con la vida propia. Y con los aperos básicos de “su época”, pues no era de la generación de los tractores que “valen para todo y que trabajan por cincuenta”, y aunque en algún momento pudo hacerlo –matizó-, se encontró ya mayor y falto de ganas para probar otras artes distintas a las que él tan bien conocía.

Me habló con cariño de los bueyes con los que araba, de su mula “morita” encargada de acarrear las gavillas, y de su burro “tercón”. Y mientras me hablaba, movía sus manos secas y agrietadas como la tierra trabajada y sometida, como él, a los destinos caprichosos del tiempo, al de los silencios, a los de los amaneceres que transitan con frío o calor hacia el ocaso, al de los de los éxitos y los fracasos de unas cosechas que fueron primero semillas mimadas en la esperanza.

Sus compañeros de banco seguían sin intervenir en la charla pero asentían con suaves movimientos de cabeza y, de vez en cuando, con sus sonrisas quebradas.

Antes de despedirme con un adiós agradecido, me fijé en la coincidencia de sus ojos marchitos, de sus manos cuarteadas y de sus rostros surcados. Rostros mimetizados con los de los surcos de una tierra a la que habían entregado su vida.

Isabel

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28 respuestas a Rostros surcados

  1. Comunicación con Gente de Alto Nivel
    “Gente doctorada en la Vida”
    Estas referencias son las que en su día me despertaran.
    La descripción que consigues del encuentro me parece elegante, solo la supera la hermosura del conjunto.
    Esta Gente que podemos encontrar en esas bibliotecas, sentada en cualquier piedra de cualquier pueblo, es una autentica riqueza desconocida o tal vez solo desaprovechada.
    Abrazo Isabel

  2. Carmen Teijeiro dijo:

    Alguien tenía que acordarse.
    Era justo que alguien reconociese la sabiduría que puede ocultarse tras una rudeza aparente y todos los misterios que encierran las arrugas sumándose.
    La dignidad tras las fatigas y el trabajo de sol a sol.
    “Siempre entregado al cultivo de unos campos a los que había que sacarles vida con la vida propia.”
    Precioso texto, Isabel.
    Un abrazo y felicidades en nuestro día.

    • Es cierto Carmen que hoy se celebra el día Internacional de la mujer. Me hubiera gustado hacer un pequeño texto sobre este asunto pero los tiempos de mi vida no dan a veces para tanto como quisiera hacer. Me has dado pie, con tu felicitación final, para trasladar a todas las mujeres mi deseo de que sigan trabajando por ellas mismas y así conseguir ampliar los campos del conocimiento, derechos y deberes. En todo el mundo.
      Y respecto a tu opinión, mi agradecimiento sincero por tus palabras. Es un lujo poder comunicarse, como dice Leonor con “gente de alto nivel” intelectual y personal.
      Buen fin de semana y un fuerte abrazo.

  3. Hermoso relato, Isabel. Digno retrato de la vejez. Abrazobesos.

  4. Mª José dijo:

    Cuando miro a un anciano pienso siempre en el mucho esfuerzo que les suspuso salir adelante en los tiempos de postguerra. En general todos ellos han trabajado en unas condiciones muy diferentes a las nuestras, así que este relato me ha tocado el corazón. Gracias por ello Isabel.

  5. Juan dijo:

    Mi admiración por todos los ancianos. Ellos han trabajado duro para que hoy podamos disfrutar todos de una mejor vida.
    Me ha gustado mucho el desarrollo de este relato.
    Un saludo.

  6. goda dijo:

    Envidia siento de esa conversación, con los que llevan a cuesta la sabiduría de la vida. Un delicioso relato el que haces que manifiesta el respeto y la educación de antes.

  7. Juliaber dijo:

    Para mí tu texto es un homenaje a aquellos mayores que tanto han luchado por salir adelante en las épocas difíciles.

  8. Popota dijo:

    No sé que ha pasado ayer que mi comentario no se ha publicado, como estaba derrengá, seguro que metí la pata, sorry pues.
    En él decía que estoy de acuerdo con vuestros comentarios. Nuestros viejos, nosotros mismos de aquí a nada si la vida, Dios y la salud nos lo permite, son dignos de nuestro respeto y cariño. Los ancianos son una fuente inagotable de sabiduría. Y qué razón tienes, Isabel al decir que hay que saber escuchar sus silencios naturales, observar su mirada profunda, reflexiva e infinita. Cuando hablo con mi madre me sorprende lo bien que resume con una frase los grandes conflictos, los rifirrafes familiares, las discordias y las emociones en general.
    Muy bien por darles voz a estos viejos nuestros, Isabel. Han luchado mucho por mejorar la vida que tenemos, se lo merecen.

    • Creo que estamos de acuerdo y somos plenamente conscientes de lo que atesoran nuestros mayores y de los valores que nos han inculcado, de lo bueno que han hecho por nosotros y por la sociedad que ellos construyeron.
      Gracias una vez más por tu generosa participación que, además, has tenido que hacer dos veces.
      Un abrazo muy fuerte.

  9. madamebovary dijo:

    “Rostros mimetizados con los de los surcos de una tierra a la que habían entregado su vida”. Rostros-tierra; tierra-rostros. Como si fueran de una misma naturaleza, de una misma masa. Qué bien has penetrado en el mundo de esa gente que se nos va.

  10. Isabel que bonito escribes me sentí junto a ustedes, a mi me fascina desde pequeña hablar con personas mayores, tiene tanta magia y tanta sabiduría cuando hablan que hipnotizan.

    Feliz y bendecido fin de semana junto a los que amas.

    Mil abrazos.

  11. Anónimo dijo:

    hola soy Pedro Pablo de Jaén, me gusta mucho su relato “Rostros surcados”. Mañana 21 de mayo hacemos en Jaén una lectura de poemas y relatos en un centro de mayores, te pido permiso para leer su relato, haciendo obviamente mención a la autora. Espero su respuesta.Gracias

  12. Anónimo dijo:

    por supuesto, y sobre todo dejaré bien claro quién es la autora del relato. Muchas gracias

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